¿Acabará la IA con los techos de cristal?

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A propósito de esta “polémica” que ha habido estos días por muchas de las redes en las que me muevo, quería compartir una experiencia que me ha resultado cuando menos interesante.

Hace un par de semanas asistí al II Congreso de la Economía Social y Solidaria, y el ambiente era especialmente femenino: mayoría de asistentes, casi todas las ponentes eran mujeres, todo el mundo (hombres incluidos) hablaban constantemente en genero femenino…

En mi ámbito profesional, muy centrado en la industria, el ambiente es marcadamente masculino, vayas donde vayas siempre hay un montón de hombres y eso te hace sentirte muy cómodo.

En cambio aquí era justamente lo contrario, y he de decir que aunque sabía que era algo buscado, algo con lo que estoy plenamente de acuerdo, algo que me parecia bien… también me hizo sentir cierta incomodidad, como una menor identificación con el discurso y con las personas, como si me sintiese un poco excluido… será así cómo se sienten las mujeres habitualmente en los lugares en los que los hombres somos abrumadora mayoría?

Claro, esta sensación mía me duró un par de segundos, en un entorno en el que estaba totalmente cómodo, sabiendo que todo aquello era precisamente buscado en parte para generar una cierta reflexión. Pero si en estas condiciones tan suaves, pude sentir un poco de esa exclusión, cómo será sentir eso constantemente, en cada evento, en cada círculo, en cada lugar de trabajo (en la mayoría al menos)…?

La realidad es que aún hay muchísimos ámbitos, especialmente en el mundo empresarial, y en concreto en los niveles directivos, así como en los puestos de mayor visibilidad social, en los que los hombres somos mayoría abrumadora e incomprensiblemente.

Creo que esto se debe a que los hombres nos identificamos de manera natural e inconsciente más fácilmente con otros hombres que con las mujeres, y tendemos siempre a rodearnos de hombres cuando tenemos que seleccionar una nueva persona para nuestro equipo, cuando tenemos que ascender a alguien, etc. En la mayoría de los casos seguramente no se hace de manera consciente, y si preguntamos a los protagonistas, nos dirán que no tienen ninguna preferencia de antemano, que simplemente escogen a las personas más cualificadas, sean hombres o sean mujeres.

Y estoy seguro de que en la mayoría de los casos es así, creen de verdad que están haciendo una elección neutral, pero la realidad es que hay esos factores inconscientes que hacen que esa elección no sea neutral.

La prueba de esto es que en los ámbitos donde se produce una selección estrictamente objetiva, el número de mujeres es mucho mayor que donde la elección depende del criterio de otros hombres. Si comparamos la distribución por género de las personas que acceden a determinadas carreras universitarias, para las que el único requisito es tener una nota media determinada, veremos que efectivamente hay tantas mujeres como hombres. En este caso hay un criterio aboslutamente objetivo de selección de las personas más cualificadas, y ahí no existen diferencias de género.

Sin embargo, en los puestos directivos que ocupan esos mismos profesionales, que dependen normalmente de la elección de otros profesionales (en su mayoría hombres), se produce ese fenómeno del techo de cristal, esa barrera invisible que hace que las mujeres no lleguen a dichos puestos.

Por eso me parece fundamental que quienes creemos en la igualdad, y además creemos que la practicamos, seamos conscientes de que tendremos que “forzar” para vencer ese sesgo inconsciente que tenemos y que nos condiciona las decisiones.

O quizá la igualdad real venga cuando la selección de personas la hagan máquinas de inteligencia artificial sin nuestros sesgos ni prejuicios, solo con criterios realmente objetivos… veremos.

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5 comentarios sobre “¿Acabará la IA con los techos de cristal?

  1. En psicología lo que comentas, Pablo, es algo que está ampliamente estudiado: son los sesgos, inherentes a lo que cada cual es. La homofilia es la tendencia a rodearse de lo que se parece a nosotros. Muy simple: ¿te sale juntarte a tomar algo con alguien que fuera muy, muy de derechas? Nos costaría, ¿verdad? Si te gusta ir al monte, andar en bici o salir de potes, tu tendencia natural es a compartir tu tiempo con quienes “sintonizan” en ondas parecidas. Y sí, género masculino con género masculino… para ciertas cosas, claro está. Por eso, hay que cultivar en modo activo la diversidad, sea de género o de otras cuestiones.

    Siempre digo que lo primero es tomar conciencia del problema. Si no hay toma de conciencia, nunca habrá solución. Y aquí es donde tenemos inicialmente que hacer el esfuerzo. Yo no quiero que una máquina, con inteligencia artificial o como lo quieran llamar, decida. Quiero decidir yo, con plena conciencia.

    Cuando alguien convoca un evento (me da igual cuál) y hay una desproporción bestial en género, ahí hay un problema. Lo primero es verlo. Esa creo que es una buena obsesión: caer en la cuenta de que es un problema. Sea porque adquieres sensibilidad al acudir al congreso de economía social y solidaria o porque un día alguien te dice que de 55 rectores de universidades públicas en España, solo hay una mujer.

    Una pena que no pudiera acudir al congreso para sentir eso que tú percibiste 😉

  2. Estoy verdaderamente enfermo de “políticobsesión compulsiva”. Había interpretado “IA” como Izquierda Abertzale, y pensando en sus tres cabezas de lista por los tres territorios de la CAPV hasta me encajaba la pregunta.
    Por lo demás, comparto sentimientos y reflexiones, incomodidades y sesgos. Ados nago.

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